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La Coctelera

Sobre Las Olas

Agua, Sol y Arena

5 Abril 2011

El burro mañoso...

Carlitos tenía que vender las flores montado sobre un burro. Muy temprano en la mañana lo sacaba del corral, y se iba al pueblo y al oscurecer, volvía a la casa. Una tarde, el burro no quiso seguir andando: el niño trató de hacerlo andar, pero el burro mañoso no se movía. Entonces el pobre Carlitos se sentó en una piedra y se puso a llorar porque su padre lo castigara por  demorarse tanto.

Al poco rato pasó por allí un amigo del pueblo llamado Martín y le preguntó:

-   Carlitos, ¿por qué lloras?

-   Lloro porque el burro no quiere andar y si tardo, mi padre me va a castigar.

-   Pues verás cómo yo lo hago andar.

El burro tampoco le hizo caso y Martin dijo:

-   Yo también me doy por vencido. Se sentó al lado de Carlitos rezonga que rezonga y en eso pasó una niña llamada Adela:

-   ¿Por qué rezongas Martin?

-   Rezongo porque Carlitos se ha puesto a llorar, porque su burro no quiere andar y si tarda, su padre lo va a castigar.

-   Pues verás como yo lo hago marchar.

Pero el burro siguió sin moverse y la niña dijo:

-  Yo también me pondré a lamentarme.

Y se sentó junto a Martin, llorando sin consuelo.

Entonces pasó Sebastián

-  Adela, ¿por qué estás llorando?

-   Lloro porque llora Martin y Martin llora porque Carlitos se ha puesto a llorar, porque el burro no quiere andar y si tarda, su padre lo va a castigar.

-   Pues verás cómo yo con el lazo lo hago marchar.

Pero el burro mañoso se quedo muy tranquilo y Sebastián dijo:

-  Yo también me pondré a lamentarme. Y se sentó junto a Adela hecho un mar de lamentos. Poco después pasó por allí un viejo llamado el tío Nicolás:

 

-   ¿Por qué te lamentas Sebastián?

-   Me lamento porque llora Adela y Adela llora porque llora Martin y Martin llora, porque  Carlitos se ha puesto a llorar, porque el burro mañoso no quiere andar y si tarda en llegar a la casa, su padre lo va a castigar.

-  Pues verás cómo yo lo hago marchar.

Entonces todos: Carlitos, Martin, Adela y Sebastián se echaron a reír a carcajadas, diciendo:

-   ¡Ja, ja, ja! ¿Cómo una abeja tan chiquita va a poder más que todos nosotros?

El tío Nicolás saco de un frasco una abejita. Esta voló hasta donde estaba comiendo el burro y se puso a zumbar: - ¡Zzz,Zzz…!

El burro le molesto tanto el ruido que dejo de comer. La abejita se posó entonces en la oreja del burro  y  ¡Zas!, lo picó tan fuerte que salió corriendo sin parar hasta llegar al corral. Tanto corría que Carlitos apenas pudo alcanzarlo… y Martin, Adela y Sebastián se quedaron allí mirándose, con la boca abierta.

 

 

 

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