Un Encuentro Asombroso

Fue un encuentro asombroso.
Ocurrió una tarde de mayo de 1980 llovía mucho en las montañas de Mérida. Grité desesperado cuando me ataco un oso gris. No pude dejar de rodar al ser arrastrado hasta un abismo. (Los cazadores me ayudaron a espantar y correr al oso, luego me dieron los fósforos para que prendiera una fogata.)
Nadie pudo explicarse por qué, si llovía, la hoguera creció tan intensa.
Se persignaron al ver que estando el oso cerca de las llamas se paró como una sombra.
Tuve que esperar pacientemente, veinte años exactos, para tener otro encuentro asombroso, y educar los latidos de mi corazón, hasta dominarlos y enfrentar aquella amenaza de una manera relajada.
El otro encuentro llegó un 13 de Julio de 2000, cuando un tiburón me ataco en una playa de la costa. Un salvavidas contó que impresionaba mi serenidad frente al escualo.
Siempre me atacan en un momento inesperado.
